La Millonaria
Violeta Velasco.
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- LITERATURA PARA ADULTOS -
Capitulo 1º Octubre 2006
El viaje de Francesca.
Se bajó en el andén número 23. Tenía las piernas entumecidas y un temblor general producido por las ocho horas de viaje que llevaba a cuestas, gracias a las ruedas de su maleta azul y el asa, pudo transportar todo lo que poseía en la vida hasta los aseos más cercanos de la concurrida estación de Atocha, en Madrid.
Se miró en el largo espejo que sobre diez lavabos se extendía y se sintió pequeña; a pesar de ser una mujer alta, de hombros anchos aunque caderas estrechas. Sin dejar de mirarse, con un acto mecánico abrió la cremallera del pequeño neceser que se transportaba solo sobre la maleta como un parasito. Sacó una toallita y un cepillo al que le faltaba el mango, y se dispuso a desenredar la larga cabellera rojiza que como una maraña le envolvía la cabeza.
Orinó. Se aseó con unas toallitas húmedas que siempre llevaba. Una mujer con una niña de unos 9 años entró; llevaba un vestido azul de terciopelo y unos zapatitos de charol que valían más que toda la maleta de ella, la niña miraba asombrada el escaparate de cepillos, toallas, o sujetadores de pelo que tenia extendidos sobre el lavabo.
Francesca se sintió intimidada, comenzó a recoger lentamente sus objetos personales bajo la atenta mirada de la niña:
- Ángela, ¡te he dicho muchas veces que es de mala educación mirar a las personas así!- Al fin habló su madre.
- ¿Por qué se lava aquí, mamá? ¿es que no tiene casa?
- Son mendigos, los mendigos llevan la casa a cuestas...
Y le explicó a su hija la vida de un mendigo ignorando a Francesca, como si no existiera. Cuando salieron y quedó el silencio Francesca se volvió a mirar, se acercó al espejo, repasó su rostro como si no se reconociera, se retiró y se giró observando su figura; todo lo que tenía ante sus ojos era lo que le quedaba en la vida. Volvió a meter cada cosa en su hueco y salió al pasillo central de la gran estación, la gente iba tan deprisa en todas direcciones que no sabía cuál camino tomar. Tomó a la derecha y comenzó a caminar, las ruedas de su maleta iban contando en voz alta las losas que recorría; llegó al extremo de la derecha que había decidido, era la entrada de los autobuses, se giró a la izquierda y comenzó a desandar y descontar las losas andadas.
Ya afuera de la estación volvía a tener el mismo y único dilema; ¿hacia dónde?
Tenía toda la tarde para buscar un sitio para dormir, sabía que si tenía buena presencia todo sería más fácil por esto parecía una marquesa cuando quería, su expresión arrogante y altanera y su aspecto limpio la harían parecer una dama; si no fuera por la maleta que recogió en la vieja pensión de La Junquera “olvidada” de aquel huésped; tuvo que hacerlo, él se había llevado la suya. Maldita noche que tuvo que pasar allí para tomar otro autobús hasta Madrid. Aunque esto era algo que apartaba continuamente de su mente para poder seguir, para sobrevivir; Su mala suerte siempre la perseguía; en el forro de la maleta iba todo su dinero, aunque el ladrón quizás tampoco lo sabía. Sólo necesitaba una maleta más grande y en un descuido de Svara mientras se duchaba se la cambió por la suya.
Apenas le quedaban unos cientos de euros, quizás novecientos, y en aquella ciudad novecientos pavos no daban para mucho.
Tenía que buscar un sitio y después encontrar trabajo, había escarmentado de haber decidido en varias ocasiones dormir en antros para ahorrarse unos euros, y además, en esta ciudad quería ser otra cosa; tenía su futuro para ser lo que quisiera, su pasado se había esfumado y el presente era lo más importante que tenía en estos momentos; podía ser ella misma y lo era.
Aunque sabía que no podía vivir en el centro si lo haría en la periferia, y así tendría mejor acceso al trabajo. Decidió tomar una de las transversales y se encaminó por una avenida repleta de escaparates que endiablados ofrecían placeres; bolsos, zapatos y botines con cordones de piel, siempre deseó tener unos, pastelerías, joyerías con oro blanco, su preferido, salones de belleza a los que entraban mujeres más feas que ella y salían como la mismísima Reina de Java. Francesca sabía que todo lo conseguía el dinero, ahora sólo tenía un problema, o todos los problemas se resumían en uno; dinero.
Llevaba toda la vida intentando sobrevivir, incluso a veces progresar, pero te ha de acompañar la suerte y ella no la había tenido más que en el momento de nacer; la naturaleza la dotó con un físico impactante y una inteligencia que a veces la maltrataba. Había crecido en la injusticia dura de una guerra, vio a sus vecinos matar al que hasta ayer había sido un amigo, había visto morir mucha gente en nombre de la justicia de los hombres, de Dios, de las ideologías y los egos, guerras creadas con ansias de protagonismo, guerras todas envueltas en papel moneda, teñidas de rojo, y bañadas de lágrimas y sufrimientos. Desde luego que Svara se había convertido en una mujer de ideas claras y muy fijas, y con un destino que tuvo que marcar ella, sola. Pero había escapado, su familia fue extinguiéndose como una raza; ella era la especie protegida.
Protegida porque había conseguido salir ilesa, y después, ilegal e ilusionada seguía luchando día tras día por su vida. Cuando llegó a Italia con 14 años en 1994 y había pasado la frontera a bordo de un gran camión cargado de suela de zapatos, que la llevo de viaje por un alto precio, aunque era una ilegal en el país se sentía libre; libre de morir, y empezó a ver las cosas distintas. Durante doce años se prostituyó en la frontera con Francia, en el punto donde más afluencia de clientes había; Las 20 millas.
Aprendió el idioma y se cambió el nombre por uno más popular; Francesca. No debía llamarse Svara, casi nadie sabía decirlo, y además por respeto a su madre que se lo puso.
En el fondo se sentía manchada; tenía un amigo que la quería tanto que la invitaba a cenar cada noche, después la llevaba a la zona donde vendía su cuerpo, el que éste adoraba y alimenta. Svara podría haberse dejado querer por este hombre que la amaba, pero estaba endurecida, llevaba demasiado tiempo haciendo planes a solas, no necesitaba a nadie o así lo sentía, quería estar sola. A pesar de las dificultades trabajaba para ahorrar y empezar una vida nueva, para eso tenía que ahorrar, y durante cinco años lo hizo. Vivía en una casa de dos plantas de altura pero con menos de cuatro metros de fachada; todo el mobiliario era alargado o no cabía; las puertas, las ventanas, las escaleras, la mesa; todo era rectangular .Su exterior y sus marcos, ventanas y puertas en ese azul cobalto que la hacían distinguirse del resto de otros colores a lo largo de la calle, esa calle que atravesaba todas las madrugadas con su sueldo en el bolsillo. Pero eso había quedado atrás, ahora podía ser Svara otra vez y a la primera persona que le preguntara su nombre en esa ciudad le diría llamarse Svara Krasento, nacida en Yugoslavia el 12 de agosto 1979.
Metida en sus pensamientos llegó a una circular y poderosamente un edificio le llamó la atención; haciendo esquina en chaflán, un gran cartel; Se alquilan habitaciones. Lo miró, detenidamente; de fachada de ladrillo beige tenía cuatro plantas y en todos los balcones adornaban las mismas cortinas de encaje, parecía cuidado, sobre la puerta de entrada grande de dos metros, otro cartel que decía; "La Hospitalidad Sra. Andersen”. Podría ser su casa, de momento.
Entró sin vacilaciones y con paso seguro, como realmente era ella;
- Buenas tardes, ¿acaba de llegar de viaje? - dijo la amabilidad de la Sr Andersen
- ¡Oh!, sí, de un largo viaje,... desearía tomar una habitación con baño, voy a quedarme unos días en la ciudad
- Pues tengo lo que busca señora - y se giró a por la llave del mueble de teka y los documentos de ingreso.
Era la primera vez que la llamaban “señora” hacía tres horas la habían confundido con una mendiga, esto le hizo ver que estaba en una gran ciudad donde todo era posible
-Me permite su pasaporte... ¿señora?
- Krasento, Svara Krasento
La señora Andersen hablaba en voz alta todo lo que escribía, no sabía que estaba participando en un momento muy importante; estaba escribiendo el principio de una nueva historia.
- Bien, hoy es 15 de octubre de 2006,...
A Svara le pareció sueño hecho realidad.
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