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Buenas noches, mi
nombre es Svara y os voy a acompañar en este viaje de placer. Haré todo lo
posible para que tengáis fantásticos orgasmos, y que nunca lo olvidéis. Nos
dirigimos a la comunidad autónoma de valencia, y en este tour recorreremos unos
lugares excitantes y discretos sobre diosas gordas, enormes, con culos de
escándalo y pechos como ánforas – todos aplaudían - No son establecimientos abiertos al público, sólo se accede por
invitación, así que aunque desearan venir otro día, nunca les abrirían. Con
esto, quiero transmitirles la sensación absoluta de privacidad y alto secreto,
con el que tratamos a nuestros clientes y la forma de protegernos con los
espectáculos que contratamos. Tenemos dos horas de viaje hasta la próxima
parada de descanso, que será en Cuenca, pónganse cómodos por favor, ya saben
que disfrutan de los dos asientos por persona para su máxima comodidad. Si
desean tomar alguna cosa; refresco, snacks, etc., presione el botón rojo que
hay sobre sus cabezas y yo se lo serviré de inmediato. Ahora disfrutaremos de
una película que se rodó hace un tiempo, y aunque no llegó a ser muy reconocida
es extremadamente buena y con un final inesperado, la protagonista tras un
accidente comienza a engordar hasta el punto de que en un año sobrepaso los 110
kilos, y su novio con el que se casaba en un mes...
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Ah, sí, ¡es buenísima!, ¡sé de qué película hablas
Svara!- dijo el pasajero de la primera fila- ¿es polaca verdad?
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Sí, exacto, es
una producción polaca, y solo se hizo una versión en inglés, que es la que
veremos a continuación.
Svara les hablaba en francés por comodidad
esta vez de todo el grupo, ya que provenían de distintas ciudades galas. Se sentó en la primera fila de asientos que era la
del guía y durmió durante 4 horas. El autobús hizo su parada en Cuenca de 45
minutos, los clientes bajaron solos a tomar café y estirar las piernas en el
área de servicio y cuando ya era la hora de arrancar, Svara levantó la cabeza y
vio el desfile de personas que subían, estaba confundida, somnolienta y
enferma. Se incorporó en el asiento, y miró al chofer.
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Nadie quiso despertarte, no te necesitaban para tomar
café.- respondió este a su mirada
-
Pues deberías de haberlo hecho tú, esto es vergonzoso,
no sé cómo has podido hacerme esto Javier, ya hablaremos.
Estaba avergonzada, estaba enfadada, ahora
tendrían que esperar por ella, pues tenía una necesidad absoluta de entrar al
servicio de la gasolinera, orinar y lavarse la cara. Pidió un café largo para
llevar antes de entrar al aseo y cuando salió casi corriendo lo recogió de la
barra pago 2 € y dejó el cambio. Svara estaba enferma, se encontraba mal y
aquello no mejoraba. Se atiborró a pastillas del botiquín del bus, con la
intención de acelerar su recuperación, pero poco sabia de farmacopea ni
formulas magistrales, mucho menos de contraindicaciones y advertencias sobre el
uso simultaneo con otros fármacos. Svara, sólo pensaba en su recuperación,
estar enferma era ser vulnerable, indefensa, y eso nunca se lo pudo consentir.
Volvió a coger el micrófono cuando llevaban
apenas cinco kilómetros, y poniéndose de pie mirando a los clientes, y paseando
por el pasillo del bus, continuó trabajando.
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Hola de nuevo,
ante todo mis disculpas por no haber estado con vosotros en esta parada, no
sabía que estaba tan cansada, gracias por vuestra amabilidad y empatía, sois un
amor.- les hablaba cariñosamente en francés.
Todos sonreían y aplaudían, era el comienzo de
algo bueno y lo sabían, ella estaba en pie y eso era lo importante, a fin de
cuentas ¿Quién no ha dormido alguna vez de más?
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Bien, a las 4 a.m.
nos esperan en the golden fat, una casa en las afueras de estilo griego con
piscina, árboles frutales en sus jardines, varios jacuzzi, y muchas cosas más.
Aquí, os recibirán 16 diosas que pesan más de dos toneladas,- todos rieron- Sí, sí, reíd, pero hay una bascula en la
que se puede comprobar, os podréis pesar con ellas – jaleaban entusiasmados como niños que van al circo- En el paquete que os dimos en la oficina, lleváis distintas caretas,
mascaras, antifaces, para que los utilicéis cada vez que bajemos del autobús si
así os sentís mejor. En algunos locales estaremos solos, pero en otros más
grandes como “El Castillo del Sexo” al que vamos a menudo con grupos más
grandes, os podréis encontrar hasta cien personas, o más. Esto ya lo sabéis, es
la clausula IX del contrato. Estamos a media hora de viaje, disfrútenlos como
más les apetezca.
El grupo de 8 personas, todos hombres esta
vez, había sido contactado a través de internet. De manera muy privada y con
acceso restringido a socios, Antonio publicaba semanalmente rutas de sexo por
España. Discretas, fiables, de grupos muy reducidos y todos con la misma
fantasía sexual, así que pronto se convertía en un grupo homogéneo que
compartía grandes afinidades sin darse cuenta, el buen rollo reinaba entre
ellos siempre, o casi siempre.
Cuando paró el motor del autobús, el silencio
se hizo notar realmente; todos iban callados, expectantes, excitados. Cada uno
escogió su máscara, se miraban unos a otros copiando el modelo, o riéndose
tímidamente del resultado que había quedado en las pintas de alguien. Estaban
dentro del recinto privado de la casa, The golden fat y las 16 diosas con
vestidos de seda largos y un diseño al más puro estilo griego, le esperaban
bajo las columnas del porche de la gran casa.
Las luces que las iluminaban en esa noche
oscura hacia un arcoíris con todas las lentejuelas que llevaban en el escote,
cada una de un color, de un matiz de un diseño distinto; 15 diosas que pesaban
más de dos mil kilos.
No había presentaciones, Svara los acompañaba
hacia el Olimpo y los dejaba allí, por respeto a ellos, para que se sintieran
menos vigilados, juzgados, etiquetados, los dejaba libres con sus fantasías.
Conforme iban llegando a la escalinata de
cuatro o cinco escalones que subía al gran porche iluminado, dos diosas los
manseaban, besaban y acompañaban de los brazos dentro.
En estos eventos, no se hacían actos que
llamara la atención sobre el grupo; como recibimientos con aplausos y champán,
collares hawaianos, penes de látex o cosas similares, cada trió se iba a
consumir a la barra por separado, y cada cual realizaba su fantasía de manera
individual, como si de una discoteca cualquiera se tratara. En muchas ocasiones
se intercambiaban las diosas, cuando una vez dentro saltaba el feeling de un
lado a otro del lugar de encuentro. Estaba comprobado ya por estadística, que
esta era la mejor manera de hacerlo.
André era un hombre flaco, de hombros enjutos.
Llevaba unas gafas circulares que en su media nariz te recordaban a Jon lennon.
Svara era muy observadora y le despertaba mucha curiosidad este cliente,
denotaba confianza y alta autoestima, seguro que era alguien importante,
observó el surco que le había dejado el anillo de boda en su dedo anular,
seguramente andaría escondido en algún lugar.
Cuando se hacían socios, al inscribirse debían
de facilitar sus datos y para entrar en cualquier oferta semanal, simplemente
se inscribían con un numero de serie y realizaban ingreso directo en cuenta
corriente de Bussex, la agencia de Antonio; más privacidad no podían ofrecer a
sus fantasiosos clientes. Pero iba más allá; después cada cual funcionaba con
un pseudónimo que lo protegía. Desde luego que Antonio se lo montaba muy bien,
esto le había costado muchas horas de trabajo en internet, demasiados viajes y
entrevistas clandestinas antes de contratar algún evento, y sumergirse en
ocasiones en aguas con fondos no muy transparentes; andaba siempre en el filo
de la ilegalidad, de la humillación, del maltrato, pero siempre al límite. Encontrar una masía en la que te ofrecen
espectáculos de sexo entre minusválidos, e incluso poder fornicar con ellos en
un escenario giratorio frente a los demás viajeros, no estaba al alcance de
cualquiera, y estas diosas minusválidas lo hacían como algo puntual en sus
vidas, que le aportaba una buena cantidad, todos allí estaban escondiendo algo;
era perfecto.
André se apoderó
de sus mujeres y se retiró del resto saliendo al jardín frutal. Las llevaba
agarradas de sus gruesas caderas, y las acercaba a un árbol u otro para que
fueran recogiendo frutos; peras, manzanas, naranjas... las iba magreando,
tocando sus enormes tetazas, ellas se abrazaban y lo comprimían en medio y se
volvía loco. Vio al frente una mesa con
un mantel blanco y gente alrededor, se dirigió hacia allí con sus dos diosas.
La gran mesa alargada de 5 metros, que quedaba en el jardín que daba acceso a
la piscina iluminada de azul cobalto, era un expósitos de comidas gourmet, delicatesen,
tonterías caras y lujuriosas, como unos bol en acero inoxidable hasta el borde
de caviar, fresas bañadas en chocolate negro suizo, mermeladas de todo lo
imaginable, tablas con los más nuevos y sabrosos quesos, el mejor jamón de
bellota, frutos secos, nueces, almendras, uvas pasas, cocteles de marisco,
langostas y centollos vivos, jarras de vino, cocteles de champán, sidra
verdaderamente asturiana, la mesa se salía de comida que iba reponiéndose
continuamente, pues dar de comer a sus gordas antes durante y después del sexo,
formaba parte de sus mas intimas fantasías sexuales; todos disfrutaban, los
hombres y las diosas gordas.
Habían pasado cuatro horas y los clientes no
salían, estaba acostada en el autobús y sentía que no podía volver a levantarse,
otra vez no. Pero lo hizo.
Se abrigó bien y bajó del autobús. Al entrar
en la gran mansión, se sorprendió; desde afuera no imaginaba tal lujo.
Todo era estilo griego, estatuas, mármoles,
fuentes, aquello se pasaba de rosca,
era como sumergirse en otro siglo. Buscó la zona habilitada a cafetería y barra
y pidió al barman un café con leche bien cargado, sacó sus dos pastillas del
bolsillo, y ya estaba lista para otras cuatro o cinco horas. Con una copa
grande de agua mineral salió al jardín en el que se encontraban disfrutando sus
clientes, los fue repasando uno a uno, como la maestra en clase, y le faltaba
uno; André. Intentó contar a las gordas pero sus vestidos casi idénticos, los
bailes, risas, y continuos saltos y cambios de lugar se lo hicieron imposible;
se veía una escena de alegre morbo, de libidos altas, de miradas lascivas,
intentaban bailar un vals a tres con música étnica griega, el resultado era
cómico y divertido. Pero André no estaba. Salió por la puerta trasera y
rodeando la gran piscina, entro a la zona de la gran mesa donde todos se
divertían, ninguno se oculto tras la máscara. Svara fue agachándose mientras se
acercaba, buscando la sombra y refugio de los arboles, vio a sus clientes
follar por los rincones, vio a uno de ellos, que con su cara quedaba totalmente
sumergido en la almeja de su diosa, y gateaba cuando ella se alejaba, para
volver a chupar un coño enorme que solo se veía cuando apartaba las carnes de
sus muslos y las subía a su lugar; la luz tenue de los farolas de fuego y los
centros de brasas que alumbraban todo la zona hicieron brillar la cara llena de
flujo y saliva, cuando repentinamente, su otra diosa lo agarro como a un
perrito levantándolo del suelo, en brazos lo llevo a la sombra. La otra lo
seguía, lo desnudaron, chupándolo entero, parecía que no iba a poder continuar,
cuando las dos se pusieron en pie y comenzaron a desnudarse, se corrió. Eran
realmente bellísimas, sus carnes como orzas caían entre los muslos y las
axilas, y sus cinturas de grasa tapaban el coño y el culo; eran verdaderamente
dos diosas.
Continuó agachada, y buscó entre las sombras
de los arboles, entonces vio un vestido moverse; allí estaban. Se alejó
bastante entre el jardín y los arboles para tomar una perspectiva desde detrás
de ellos, consideró que quedaba más oculta. Sí, ahí estaba. Las dos mujeres
continuaban vestidas, pero las había puesto a cuatro patas, las puso pegadas
pero mirando cada una al culo de la otra, así no se podían mirar, ellas se
resentían de las rodillas y muñecas, no estaban cómodas, aun así, el les
ordenaba permanecer en esa postura. Entonces comenzó a hacer círculos andando
alrededor de ellas, levanto sus vestidos dejando el culo al descubierto, y se
agachaba para besarlas y sacar sus pechos como melones del vestido, se detuvo
dio unos pasos hacia atrás, las miró y se saco la polla. Era tan flaca y larga
como él, pero dura como un látigo, dobló sus rodillas tras la diosa verde
esmeralda y manoseó el gran culo que tenía enfrente, lo abría y cerraba para
disfrutar del movimiento que le regalaban los labios mayores, enormes más que
mayores, le dio palmaditas en el coño sujetando con la otra mano las carnes del
culo que se le venían encima, y las mordía y lamia con desatino. La penetró,
suave, en esos momentos la diosa empezó a gemir, Svara continuaba acostada bajo
el árbol observándolo todo con atención. Cuando había terminado con esta se
giraba y hacia lo mismo con el culo de la otra. Al tener las dos, su visión
sobre el culo de la otra, todo lo que estaba disfrutando su compañera diosa, lo
veía la que esperaba, y acto seguido, la otra vio lo que le hacía a su
compañera, y anteriormente le había hecho a ella. Se acostó en el suelo y les
ordenó que se restregaran con él, que rodaran por el suelo con sus cuerpos
desnudos. Los tres, haciendo un puzzle de cuerpos se besaban lamían, y follaban.
Svara no parpadeaba, pero eso no era lo peor; sin querer estornudó. Lo hizo una
vez, y otra, y así hasta cuatro. Sabía que se había delatado, escuchó los pasos
que se acercaban, como crujían las hojas del suelo y la tierra, fue gateando
hacia el otro árbol más lejano, pero sintió que el ruido del mismo suelo que
delataba a André también lo hacía con ella.
Se escondió sentada tras el único árbol que
pudo, y esperó. Escuchó. Y al mirar entre las ramas pudo ver que se alejaba de
ella buscando en otra dirección. Poco tiempo, regresó junto a sus diosas y las
llevó a la casa. Entonces Svara al fin salió. Volvió a rodear todos los arboles
del jardín, para salir por la entrada de la piscina y la gran mesa por la que
entró. Se recompuso, y cuando subió las escaleras de la mansión, estaban los
ocho sonrientes esperándola.
Una vez en el
autobús, Svara volvió a coger el micrófono;
-
Hola, buenos días
a todos... está amaneciendo
-
¡Hola! ¡Buenos días!- respondieron todos al unisonó.
-
¿Cómo estáis?
-
Muy bien, nos encontramos divinamente Svara, gracias
por esto, tendrías que haberlo visto, ha sido sensacional – Respondió André
desde la fila tres.
-
Sí, estoy
convencida de ello.
Cortó la conversación, pues no creía mucho en
las casualidades y aquella respuesta parecía que tenía una doble
intencionalidad.
-
Bien, ahora está
amaneciendo y tenemos tan solo una hora de viaje hasta el hotel que hemos
reservado. Dormiremos hasta medio día, quien lo desee puede levantarse antes,
desayunar, comer o hacer lo que le plazca, pero a las 16 p.m. salimos de allí. Mañana tomaremos café con unas
chicas preciosas que os esperan, y... hasta ahí puedo leer. – bromeo Svara- es
una sorpresa. Buen viaje a todos - y
volvió a cerrar el micrófono.
Los pasajeros
echaron sus cortinas y empezaron a reclinarse en sus asientos, el televisor
daba las noticias 24 horas de una ola de frio en estados unidos, pero en ese
autobús, todos iban calentitos de los abrazos y revolcones con sus gordas.
Svara soñaba con
una cama, con poder cerrar los ojos unas cuantas horas seguidas, el paseo a la
intemperie en el jardín le había helado hasta los tímpanos, se sentía cansada,
abatida, destrozada.
Cada uno tomó sus llaves en recepción y
desaparecieron unas horas, las que aprovecho Svara para descansar.
A las cuatro en
punto de la tarde ya esperaban en el autobús.
-
Buenas tardes,
bienvenidos de nuevo a este tour de placer y fantasía, espero que hayáis
descansado bien...
-
Sí, perfectamente, el hotel estaba muy bien ... –
respondió el gordo de la quinta fila
-
Sí, realmente sí, he descansado bien y la comida del
buffet libre deliciosa... - respondió otro flaco.
-
Me alegro
muchísimo de que haya sido satisfactorio el hotel que hemos elegido, es la
primera vez que reservamos en él, vamos cambiando para levantar las menores
dudas, o sospechas. Vamos a entrar en Alicante, otra de las provincias de la
comunidad autónoma valenciana en donde nos esperan otras diosas que os
ofrecerán un espectáculo mientras tomáis café y alguna copa si queréis. ¡Von
Voyage!
Esta vez el autobús de la fantasía se dirigió
a las afueras de Alicante-ciudad, a un dúplex independiente semiamueblado
alquilado expresamente para el encargo de Antonio a su colaborador de la zona.
En el gran comedor de 60 m² se había instalado una plataforma giratoria redonda
de unos tres metros de diámetro, a la que se le inflaba un colchón del mismo
tamaño para los espectáculos y que después fácilmente se recogía. Alrededor de
ésta, sillones orejeros individuales para los ocho invitados de ese día.
En esta ocasión todos se pusieron la máscara,
era habitual este comportamiento, pues la noche es lujuria, es secreto, es
prohibido, y la luz del día significaba su realidad, por esto en los
espectáculos que se hacían de día, casi todos llevaban algún tipo de antifaz,
careta o mascara. Entraron en silencio al salón y las siete persianas de
aluminio grandes comenzaron a cerrarse a la vez, todos tomaron asiento y
esperaron. Dos gordas enormes aparecieron por la puerta de doble hoja del salón,
un foco las iluminaba, las llevaban de la mano dos hombres a cada una para
ayudarlas a subir a la cama, incluso a andar con esos taconazos de 15 cm,
pesaban más de 150 kilos por pieza.
Una vez ya estaban sentadas en el colchón
redondo y seguras, este comenzó a girar y una música agradable y sensual
envolvió la estancia de morbo, saludaban y ellos les respondían con la mano,
era una escena un poco surrealista; ocho enmascarados sentados en sillones con
grandes orejeras de terciopelo rojo y azul cobalto y maderas doradas, y dos
gordas enormes maquilladísimas con unas pestañas postizas tan grandes como
ellas dando vueltas como un tío-vivo; para ellos era tan excitante que ni se
movían, estaban hipnotizados con estas dos bellezas que tenían delante.
Bas & Bus, eran profesionales del
striptease, dos inglesas de unos veintitantos que comían y comían por
exigencias de su guion. Tan bien les iba en Inglaterra, que saltaron fronteras
y ya se las conocía en toda Europa, cada vez más gordas, morbosas y bellas. Una
noche en Liverpool protagonizaron un espectáculo gratis de sexo público, fueron
grabadas por decenas de teléfonos móviles, y en una semana habían reventado por
las visitas que tuvo su video; medio millón de visitas en siete días, esto
germinó como idea y lo pusieron en práctica. Comenzaron a cobrar por sus
espectáculos, y los garitos de ambiente las llamaban para promocionar sus
fiestas; triunfaron. Ahora eran dos diosas grasientas y felices que ganaban dinero a mansalva.
Bas tenía un cabello corto rojo furia con un
corte desigual, que la hacía agresiva y sus ojos con lentillas de un color azul
claro casi blanco la hacían más poderosa, por el contrario, Bus, llevaba una
rubia melena hasta la cintura repleta de tirabuzones que salían de una cola
alta desde su coronilla. Era una princesa gorda. La cama aminoró la velocidad,
y ambas se estiraron para tocarse, alargando el brazo, realizaban movimientos
idénticos y posturas tan a secuencia exacta, que parecía que se miraran en un
espejo; ambas hacían incluso los mismos gestos. Tiraron de sus manos y al
acercarse se besaron, iban haciéndolo despacio, saboreando sus lenguas y
acariciándose los pezones. Cuando Bus sacó una teta del tamaño de un melón de
agua, todos se acomodaron en sus sillones. Realizaban un movimiento tan
minuciosamente ensayado y sensual, que los ocho hombres ni se miraban, habían
perdido la noción de estar acompañados, cada uno volaba con su fantasía hacia
las diosas que tenia frente a él.
Se enfrentaron ambas con las piernas abiertas,
y sentadas las encajaron, buscaban en cada movimiento de acercamiento acortar
la distancia de sus grasos coños, enormes, abultados, coños de veinte años del
tamaño de una berenjena, rosáceos, con vulvas enormes que babeaban a la espera
de lo que tantas veces ya habían disfrutado.
Pidiéndoles a los clientes que colaboraran y
fueron llamados; unos a ayudarlas a quitarse un sujetador de pedrería que
pesaba un quintal, otros a moverlas hacia adelante para poder unir sus almejas,
sus vieiras mejor dicho.
Para ellos, la posibilidad de acercarse
remotamente a estas mujeres era impensable, estas artistas no follaban ni
admitían que se les acercaran mientras hacían su espectáculo, y ahora, estaban
rozando las pieles de las fotografías que tantas veces habían visto en
internet, en la página web de bas & bus, habían unas 7.500 fotografías y
más de mil videos de estas estrellas del porno lésbico en vivo, y ellos estaban
ahí, por esto se decía que Bussex tenía una buenísima calidad precio, que quien
iba una vez a un tour preparado por Antonio, repetía. Mas tarde o temprano,
volvían.
El perfume de sus diosas quedó impregnado en
sus manos, para ellos significaba la ambrosia de los dioses, y mientras las
diosas se deshacían en gemidos, besos y restregones de almeja, ellos, sin
mirarse el uno al otro, sacaron sus ocho pollas y se masturbaron en silencio,
volando por paraísos de sexo y pasión, acompañados por sus gordas.
Mientras, Svara
llamaba por teléfono a Elena y charlaba casi una hora. En el autobús bien
caliente y confortable esperaba a sus clientes para regresar a Madrid,
afortunadamente había acabado el tour y sólo le quedaba la vuelta de su ruta.
Tenía unas ganas inmensas de tomar esos dos días libres y no levantarse del
sofá de la Sra. Andersen.
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